Una noche de perros pasé y una mañana de perros estoy experimentando en el jardín mientras desayuno por inercia de mi tazón con frutas. Decidí comer en esta mesita a solas y con el sol quemando mi piel, porque era preferible ser devorada por un león fantasmagórico que volver a verle el rostro a mi jefe.
Si tanto amaba a su mujer imposible, que se quedase con sus fantasías imposibles. Ni falta qué me hacía su amabilidad, ni su entereza, ni sus lindos ojos. La que tenía que sacarse de encima este