Un lugar cómodo, cálido y reconfortante en donde estar, así era el disfrutar del abrazo de Leandro. Sus brazos alrededor de mi espalda, su aroma natural y varonil. No quiero que este momento acabe nunca, tampoco quiero levantarme de sus piernas, ni alejar mi rostro de su cuello.
Mis ojos se abren de golpe ante mi regreso a la realidad.
Estoy sentada en las piernas de Leandro, en las piernas de mi jefe y dicho comportamiento es totalmente reprochable, una conducta inapropiada que debo finalizar