Labios cálidos, latidos ensordecedores. Mi primer beso con Leandro no se asemeja a ninguno que haya tenido antes. Hay magia y vida en él. Besarlo es nuevo para mí, pero al mismo tiempo siento tal comodidad que podría hacerlo por horas.
Su boca es adictiva y mi cuerpo anhela más de él. Mi mano derecha recorre su amplia espalda, y la de él se apodera de mi mejilla. De un beso tímido pasamos a uno más pasional, nuestras lenguas se conocen y pierdo aún más la cabeza.
—¿¡SEÑOR LEANDRO!? ¿¡LUCÍA!? —