Bien, había sido atrapada en medio de una actitud poco profesional de la que me esperaba un regaño, un grito, o un despido si Lemuel tenía la capacidad de leer mi mente.
—¿Nos puedes dejar a solas Lucía? — pide en cambio Lemuel.
—Sí, sí ¿cómo no? — respondo rápidamente levantándome de mi puesto.
Pero Leandro reacciona de una manera más calmada. Toca mi muñeca con suavidad.
—No tienes que retirarte, termina tu comida por favor — dice amablemente, después a su tío en el mismo tono — Habla tío, el