Cada pequeño paso dado por Leandro era impulsado con tres toneladas de paciencia y arduo trabajo de la gente que le rodeaba. Por eso, que hoy luego de días y días convenciéndolo de subir hasta la azotea, lo estuviese haciendo, era sin lugar a dudas un triunfo más.
Hugo carga las muletas detrás de mí y yo estoy sacando el seguro de la puerta que da con esta área de la mansión Brown. Al salir, el sol está agradable y el verdor nos recibe. Escucho un silbido de admiración de mi compañero.
—¿Cómo d