Transcurrió una semana en la que Kath intentó poner su vida en orden sin lograrlo.
Cuando encendió el teléfono, un día después de su marcha, un sinfín de notificaciones de llamadas perdidas llegaron a su teléfono. Un par de mensajes casi ilegibles fue lo último que supo de William.
Por más que intentó entenderlos, no lo logró, aquello parecía haber sido escrito a zarpazos en lugar de con los dedos.
Acabó por comprender lo que significaban cuando una llamada de su padre la sorprendió.
Había deci