—¿Qué eso, Kath? —preguntó Clarisse cuando la vio quedarse lívida ante la foto.
La imagen era una selfi, William estaba dormido en la cama. Su torso estaba descubierto. Shirley se encontraba de la misma forma y recostada sobre su pecho. Ella sostenía el teléfono y sonreía a la cámara.
—Al parecer, tu nueva señora quiso enviarme un mensaje contundente —dijo Kath, intentando no mostrar los sentimientos que esa foto le provocaba.
Era como tener un diablo y un ángel uno a cada lado de sus hombros.