Alexandre llegó a casa de su madre, quien había estado de viaje, cargado con una inquietud que no podía seguir conteniendo y un secreto que podría interesarle.
El sonido de la puerta al cerrarse detrás de él resonó en el amplio vestíbulo, y el eco pareció llevar consigo la gravedad de su pregunta. Buscó a su madre por la casa hasta encontrarla en el salón, donde la luz del atardecer se filtraba a través de las grandes ventanas, bañando todo con un suave tono dorado.
—Mamá.
—¡Hijo! Estaba por