Ángela se encontraba en su habitación, el resplandor tenue del atardecer se filtraba a través de las cortinas, bañando el espacio con una luz dorada. Desde hacía varias semanas, no había recibido ningún mensaje de Bastián. Desde aquel beso apasionado, el silencio entre ellos se había vuelto ensordecedor. E
lla tampoco había tomado la iniciativa de escribirle, y aunque sus pensamientos a menudo volvían a ese momento, su vida ahora estaba ocupada en otros asuntos, principalmente en intentar llama