Valentina llegó a la casa con la respiración entrecortada, el corazón aún latiendo con fuerza tras el encuentro inesperado. Ava, que estaba en la cocina, levantó la vista al ver a su hija entrar empapada y con una expresión de confusión en su rostro.
—Valentina, ¿qué te ha pasado? ¿Por qué estás mojada? —preguntó Ava, preocupada.
Valentina apenas la miró, dejando las bolsas de golosinas en la mesa antes de subir corriendo las escaleras hacia su habitación.
—Estoy bien, mamá. Sólo... un accident