Ava caminaba por los elegantes pasillos de las Empresas Montenegro, admirando las obras de arte y las decoraciones modernas que adornaban el edificio. Había decidido sorprender a Sebastián con una visita inesperada. Al llegar a la oficina de su esposo, una joven hermosa, de cabello castaño y ojos brillantes, la recibió con una sonrisa.
—Buenos días —dijo la joven—. ¿En qué puedo ayudarla?
—Buenos días. Soy Ava Montenegro, la esposa de Sebastián. Vengo a verlo.
Ella miró a la chica: hermosa, con