Angela caminaba por el campus universitario, su mente revuelta con pensamientos sobre Bastián y la nueva chica que había traído a casa. El sol brillaba intensamente, pero no lograba disipar la sombra de tristeza que la envolvía. Al llegar al aparcamiento, divisó a Alexandre cerca de su coche, el mismo lugar donde lo había conocido meses atrás cuando él la ayudó con un neumático pinchado.
—¡Alexandre! —llamó, apresurando el paso para alcanzarlo.
Alexandre levantó la vista y sonrió al verla, pero