Bastián miró a su madre con sus grandes ojos llenos de esperanza, su pequeño rostro iluminado por la expectativa.
—Mamá, ¿cuándo volveré a ver a papá? —preguntó con una inocencia desgarradora.
Ava sintió un nudo en la garganta, sabiendo que tenía que romper el corazón de su hijo una vez más. Se arrodilló frente a él, tomando sus pequeñas manos entre las suyas.
—Cariño, papá no va a regresar —dijo con suavidad—. Está en el cielo, cuidándonos desde allí. Ya no podemos verlo, pero siempre estará c