En la amplia sala de reuniones de las Empresas Montenegro, la tensión era palpable. Los socios estaban sentados alrededor de una larga mesa de caoba, con expresiones de expectación y ansiedad. Las paredes estaban adornadas con retratos de antiguos presidentes, testigos silenciosos de la historia y las decisiones cruciales que se habían tomado en ese lugar.
Ava y Sara se sentaron juntas, observando con atención. Ambas confiaban en que Angelo sería el elegido. Con su experiencia y dedicación, par