—Es increíble… —Amanda MacMillan sonrió llevando su sexta copa a la boca mientras su otra pierna, se subió para cruzarse, haciendo que su vestido se abriera un poco.
André tomó una calada del puro, que la mujer le había regalado unas horas antes, incluso cuando su padre todavía estaba comiendo con ellos, en una cena normal de negocios.
Sin embargo, ahora eran ellos dos en el mismo restaurante, tomando una botella que la misma loca había insistido en abrir.
La verdad es que André ya se sentía