Samara sentía el corazón en el estómago cuando estacionaron en ese edificio, donde una vez vino a recoger a André, en estado de ebriedad cuando su abuelo estaba en la clínica.
Lo vio desajustar su cinturón rápidamente, y ante su estado de shock también desajustó el de ella, mientras vino a morderle los labios incendiando más su piel.
—Tenemos toda la noche… pero no podremos llegar a la suite en este momento… —ella abrió los ojos ante una advertencia, además de que las manos de André temblaban