André acercó su rostro para pegar sus mejillas contra ella, y en este instante estrelló el aliento en su rostro.
Los ojos de Samara se cerraron por inercia, y luego sintió como esos brazos que fueron su puerto seguro por mucho tiempo, abrazaron todo su cuerpo.
—Samy… debes escucharme… eso que dije…
Sabía qué hacía mal con escucharlo solo unos segundos, pero se iría de este país, y de su vida para siempre. Solo… solo necesitaba tocarlo por un momento, solo necesitaba verlo un poco más.
Samara