—Buenos días… —Tanto el abuelo como Samara se giraron hacia André, que entró al comedor principal, y luego vino a saludar a su esposa con un beso en la frente.
—Buenos días… —ambos respondieron, entre tanto se dieron una mirada de cómplices.
Era 2 de octubre, el día en que André estaba cumpliendo años, pero se habían jurado aguantarse las ganas, porque ya habían hecho mucho como para sorprenderlo y arruinar su trabajo y esmero.
Estas dos semanas que pasaron, Samara incluso faltó al trabajo al