Ambos llegaron a la casa de playa chorreando el piso de madera, mientras André hacía caer a Samara hacia la cama y abría sus piernas en el momento.
La sesión de la playa había sido exquisita, pero incómoda, y resbaladiza.
Ahora ni siquiera sabía cómo había podido controlarse para salir de ella justo cuando estaba por terminar, y para cuando Samara lo besó sin prepararlo, todo su líquido había salido disparado sin tener un control absoluto de la situación.
Se sentía frustrado, pero la caída de