—No me interesa, Connor, espero saber de ese maldit* cuando vuelva a New York… es todo… —Samara parpadeó varias veces, mientras se acostumbró a la luz del día.
Ahora mismo miraba la espalda desnuda de André, y también observó cuando él colgó la llamada y tecleó con su teléfono, mientras llevaba la mano a su pelo para colocarlo en su lugar y quitarlo de su frente.
Habían llegado ayer por la noche a Hawái, y lo que Samara esperó, fue un hotel de lujo, gente a su alrededor, y una bienvenida como