En pasos lentos, André se despegó de su lugar, dejó el puro encima de la mesa donde estaba preparada una decoración para la cena, y se acercó a Samara agachándose un poco, metiendo un mechón de su cabello detrás de la oreja.
—Te ves fantástica, hermosa… la más bella de todas… mi novia, y mi futura esposa… —Samara sonrió un poco y sus mejillas se tiñeron de rojo al instante—. No te avergüences conmigo… —André alzó su mandíbula, y con la otra mano acercó su cintura—. Pronto… seremos marido y muje