André estaba sentado aspirando su puro y esperando que Samara llegara, cuando las puertas de la mansión se abrieron. El personal de enfermería estaba con él en una silla de ruedas, y poco a poco que fueron entrando, pudo ver a Francois, a su madre y al resto de familia, que venían detrás de él.
Se levantó apagando el puro en un cenicero, y Connor a su lado se unió al encuentro.
—¿Cómo estás, abuelo? —él se adelantó hasta su sitio mientras le besó ambas mejillas.
—¡Más que bien! Muy contento de l