Unas horas después, casi caída la tarde, André estaba en la terraza de su habitación con las manos en los bolsillos mientras veía como en la grama, Samara caminaba descalza con las sandalias en sus manos.
Hacía un aire fresco que movía sus cabellos, mientras ella estaba ensimismada en la sensación de sus pies al caminar.
Él no pudo evitar quedarse de pie observándola por largo tiempo, y pensando en todo lo sucedido hasta ahora.
No había compartido la comida cuando se sentaron en el comedor, p