André pasó al baño privado del avión, y rápidamente mojó su rostro. Se sentía un poco cansado, pero sobre todo tenso.
Llevó la mirada a las marcas que tenía en la mano y luego estiró sus dedos.
No sabía cómo iba a poder contener su ansia en estas dos semanas en Francia; esta tensión solo se la quitaba el sexo, y él estaba acostumbrado a tenerlo a diario.
Mojó su cuello y luego se pasó la mano por el pelo para tratar de acomodarlo.
Iba a poder con todo esto, con este juego, con la mentira, y