Brock
El emperador ni siquiera se quedó más de diez minutos, pero nos han pedido los guardias a todos que nos quedemos hasta que él vuelva. Y cada vez que me acerco a la puerta simplemente hay dos soldados con lanzas impidiendo. Soy un rehén, o somos, pero nadie parece notarlo, sino yo.
De repente los guardias nos dicen que el emperador está en otros asuntos. Salgo despedido del lugar de reunión, lo más disimuladamente que puedo hacia el carruaje, el camino es largo y en silencio maldigo este