Brock
— Imagino que debes estar muy contento— digo con voz agria mientras camino por la habitación como un demente. Roldán y Layne me miran con expresiones sorprendidas. Tienen las bocas abiertas, los ojos que se les salen y no dicen ni media palabra.
Maldición, maldición, maldición. Cuando dije que me iba a casar con ella, me gustaría decir que no lo pensé bien, que fue algo del momento, un exabrupto, algo repentino, que no se veía a venir, y por ello evitable.
Pero no, esto no era así, no sé