Salgo de la casa con la mente positiva, pensando en lo distinto que es todo aquí.
— ¡Daniel!—me llama la voz de mi hermano.
Me giro sobre mis talones, consciente de que el idiota ahora vivirá al lado de mi casa.
— ¿Qué?—respondo de mal humor.
— ¿Y Dina? ¡Queríamos invitarlos a cenar en casa!—exclama, pero mira hacia los lados, buscando a Dina.
—Tuvo que regresar al trabajo. — respondo secamente.
— ¿Por qué?—pregunta con curiosidad, acercándose más a mí.
—Pues, porque la llamó su jefe. —digo.
—