Capítulo 38. La última noche juntos.
Gabriel Uzcátegui
La habitación está en penumbra, excepto por el suave resplandor de la lámpara de la mesilla de noche, que proyecta sombras que bailan por las paredes como si se balancearan al son de la música silenciosa de nuestros corazones.
Recuesto a Emma en la cama, con sus ojos grises como charcos de luz de luna, y me sorprende cada maldita vez, cómo puede parecer tan fuerte y tan frágil al mismo tiempo.
—¿Estás segura? —Mi voz apenas supera un susurro, áspera por todo lo que queda por