Capítulo 26. La espera agobiante
Emma Uzcátegui
Los días se arrastraban como si cada hora fuera un año, y mi mente no podía detenerse. Cada pequeño síntoma, cada cambio en mi cuerpo se sentía como una pista, una promesa o una advertencia. Las mañanas eran las peores. Abría los ojos con la sensación de un peso enorme aplastando mi pecho, una mezcla de esperanza y miedo que no me dejaba respirar con normalidad.
Pasaba mucho tiempo tumbada en el sofá, mirando el techo o pasando los canales de televisión sin prestar atención a nad