El ambiente dentro del bar se había vuelto una masa informe de ruido y calor. Las luces rojas parpadeaban al ritmo de un bajo que golpeaba el pecho de Cassy como un segundo corazón, uno más rápido y desbocado que el suyo. Olivia, con los ojos inyectados en una mezcla de reproche y pánico tras la confesión de su amiga, no esperó a que el resto del grupo terminara sus cervezas. Sus dedos se cerraron sobre la muñeca de Cassy con una fuerza que buscaba la salvación.
—Nos vamos. Ahora mismo, Cassy.