Sin palabras.
Después de que Raúl fue atendido y dado de alta, las cosas entre ellos comenzaron a sentirse menos tensas. Así que el pelinegro supo aprovechar esta oportunidad. Le pidió que se quedaran.
Más tarde Beatrice suspiró al ver a las dos niñas dormir a sus costados en el sofá cama. Su corazón estaba apretado. Así que cuando fue a la habitación de invitados y cayó en la cama, no pudo evitar llorar en silencio, recordando su pánico al escuchar el disparo y sentir la sangre en su blusa.
Estuvo tan cerca