Sin palabras.
Después de que Raúl fue atendido y dado de alta, las cosas entre ellos comenzaron a sentirse menos tensas. Así que el pelinegro supo aprovechar esta oportunidad. Le pidió que se quedaran.
Más tarde Beatrice suspiró al ver a las dos niñas dormir a sus costados en el sofá cama. Su corazón estaba apretado. Así que cuando fue a la habitación de invitados y cayó en la cama, no pudo evitar llorar en silencio, recordando su pánico al escuchar el disparo y sentir la sangre en su blusa.
Estuvo tan cerca de perderlo.
A la mañana siguiente, se levantó muy temprano, pues debía ir a la empresa. Queriendo despedirse de su hija, fue a la sala, y la escena que consiguió, la preocupó. Raúl intentaba pararse del sofá, pero parecía que su herida dolía.
Ella se apresuró a socorrerlo, con el corazón latiendo apresurado. El contacto de sus pieles hirvió, y el mundo pareció paralizarse unos segundos mientras se miraban. No se dijeron palabras, ella solo lo ayudó a caminar hasta el baño cercano; pero no pudo