No la merece.
Una vez que estuvieron limpios y vestidos, Raúl se colocó la chaqueta y la gorra. Beatrice chilló por ello. Definitivamente era algo sensual de ver.
Al salir, la mujer no encontró a su secretaria en su sitio. Sintió alivio por eso, pero en cuanto la vio saliendo de la sala de juntas, sus mejillas se llenaron de calor.
—No te preocupes, Bea. Déjame pasar a tu galán por el estacionamiento.
Beatrice soltó una risita nerviosa. Él intentó robarle un beso en los pasillos pero ella se negó por las cáma