Cayendo en la trampa.
El pelinegro tiene que recostarse del mesón para no flaquear. Sostiene con fuerza el teléfono en sus manos.
Está más que claro. Alguien lo quiere inculpar.
—No digas una palabra de esto a nadie.
Cuelga, y deja el teléfono a un lado.
¿Quién entra a su oficina además de Gigi y John? Nadie. Solo ellos han estado allí el tiempo suficiente, y sabe con certeza que no es posible que tengan que ver con eso.
Piensa, con las sienes temblando.
Beatrice en su habitación sonríe cuando ve a las niñas más que