Cayendo en la trampa.
El pelinegro tiene que recostarse del mesón para no flaquear. Sostiene con fuerza el teléfono en sus manos.
Está más que claro. Alguien lo quiere inculpar.
—No digas una palabra de esto a nadie.
Cuelga, y deja el teléfono a un lado.
¿Quién entra a su oficina además de Gigi y John? Nadie. Solo ellos han estado allí el tiempo suficiente, y sabe con certeza que no es posible que tengan que ver con eso.
Piensa, con las sienes temblando.
Beatrice en su habitación sonríe cuando ve a las niñas más que rendidas. Les echa la bendición y va hasta la sala, casi lista para irse a Family Linkash. Busca con la mirada a Raúl, este está sentado del otro lado del mesón, con su comida allí, pálido.
—Amor, por favor come… —le pide casi audible.
Ella asiente, sabiendo que algo le sucede. Solo da unos bocados pero no puede terminarlo por la preocupación en su pecho. Por más que lo ve fregando los platos, limpiando la cocina, no le genera alivio.
—¿Qué sucede, señor Meléndez?
Raúl se tensa. Encuentra la fu