Ariadna Thompson
Sus besos recorren mi cuerpo, y cada centímetro de mi piel tiembla bajo su toque. Mantengo los ojos cerrados, negándome a abrirlos, temiendo que si lo hago, este delicioso trance desaparezca. Y yo no... No quiero que termine.
Siento la lengua de Jordano deslizándose por mi piel, dejando un rastro abrasador a su paso. Cada embestida envía una descarga eléctrica entre mis piernas, una oleada de calor cosquilleo inundando mi interior, como si algo profundo dentro de mí estuviera a