Jordano Mackenzie
Desde que Ariadna llegó a mi vida y a esta mansión, no he dejado de besarla. Se ha convertido en una adicción que ni quiero ni puedo abandonar. Sus besos tienen un sabor inigualable, sus manos curan cada centímetro de mi cuerpo y nuestras noches de pasión… son simplemente inolvidables.
Estoy sentado en mi nueva oficina, organizando los últimos detalles de mi empresa. Entonces, Ariadna aparece en la puerta. No lleva nada más que mi camisa, su cabello suelto cae en ondas desorde