Jordano Mackenzie
—Mackenzie, tenemos a tu mujer. ¿Quieres negociar?
La voz al otro lado del teléfono me hace temblar. ¿Negociar? Ariadna no es una mercancía.
—¿Quién diablos eres? O mejor aún, ¿quién te envió? —gruño furioso, mientras Ethan me observa desconcertado.
—Tenemos a tu estúpida mujer, pero si quieres verla a ella y a tu bebé con vida, te sugiero que entregues 10 millones para mañana.
Mi rostro palideció ante la cantidad. Era completamente escandalosa: todo mi capital. No tenía mi pa