Los ojos de Adela brillaron con un destello de triunfo al escuchar que Ariadna aceptaba reunirse con ella. La alegría se extendió por su rostro como una victoria anticipada; todo parecía estar desarrollándose con más facilidad de lo que había imaginado, y no tenía intención de desperdiciar esa oportunidad.
—Muy bien, Ariadna. Te juro que no te arrepentirás.
—Hablaremos mañana entonces, Adela.
Ariadna colgó, tratando de controlar su respiración acelerada. Lentamente, los latidos de su corazón re