Narrador
Unos pocos días fueron suficientes para que la noticia del embarazo de Ariadna se extendiera como polvo en el viento, llegando incluso a los oídos de aquellos que no desean ni su felicidad ni la de Jordano Mackenzie.
Adela, con el rostro tenso, enciende un cigarrillo y camina decidida hacia la ventana. El ardor en su pecho no es solo causado por el humo que inhala, sino también por el odio visceral que la consume al recordar lo miserable que se siente.
—¡Maldita sea! —Mark aparece de r