Sam inhaló profundo y mordió sus labios.
—Es una propuesta tentadora, no lo voy a negar —expresó aclarándose la voz—, pero eso es imposible, si alguien nos escucha, se va a despertar. ¿Te quieres arriesgar? —cuestionó.
—Solo si prometes no despertar a nuestro hijo, con tus jadeos —murmuró acercándose a besarla, la tomó por su rostro y unió sus labios a los de ella, hurgando con urgencia su boca, sintiendo como su cuerpo despertaba.
Sam cerró sus ojos y correspondió aquella caricia, sus labios