Yesi inhaló profundo, sacó un espejo de su bolso y retocó su maquillaje, caminó hacia la habitación de Sam y tocó, al escuchar la voz de su sobrino indicando que pasara, lo hizo.
—¿Cómo están? —cuestionó con una cálida sonrisa—, te ves muy bien —mencionó a Sam y la saludó con un beso en la mejilla.
Samantha correspondió el gesto, y la invitó a tomar asiento en un sofá, mientras ella hacía lo mismo.
—Gracias por venir, ya me aburrí de estar acostada —informó sonriendo.
Yesi sonrió al escuch