Norita abrió sus labios en una gran O.
—¿Un ojo de venado? —cuestionó parpadeando, y miró con atención el objeto. —¿Le habrá dolido al animalito cuando se lo sacaron? —indagó con pesar.
La abuela carcajeó.
—Es de mentiritas —explicó—, no te preocupes y acarició su rostro—, te traje otro rosario. —Se lo entregó—, es para que tengas tu colección de muchos colores —dijo mirándola con cariño.
Norita sonrió al escucharla, y se quedó más tranquila con la explicación de la abuela.
—Gracias por veni