Alessandro
El día siguiente llega con una pesadez que nunca había sentido antes. Apenas he dormido. Cada vez que cierro los ojos, veo el rostro de Valeria, su dolor, su decepción, y la desesperación en sus ojos cuando se desmayó anoche. He pasado la noche junto a su cama, observando su respiración constante, pero ni siquiera eso me ha dado paz.
Estoy en un estado de agitación constante, como si estuviera a punto de perderlo todo y no tuviera la más mínima idea de cómo detener la avalancha que vi