Alessandro
No sé en qué demonios estaba pensando.
En el instante en que pensé que esto era una buena idea no recordé el pequeño detalle de estar fingiendo no poder caminar.
Ahora, no solo tendré que fingir en toda la casa, sino también en mi propia habitación. Por suerte, mi estudio está adherido al cuarto pero a la vez separado por una puerta.
Sin embargo, todo se compensa cuando pienso en las muchas maneras que podré molestar y provocar a la mocosa.
—Que no puedo besarla —repito, recordando