MORFEO
No le presté atención a la multitud ni a las bailarinas en el centro por el que me abrí paso, apartando a empujones a cualquiera que se interpusiera en mi camino, lo que me ganó maldiciones molestas y miradas endurecidas. Los hombres desaparecieron entre la multitud y yo seguí el rastro de Mildred. Cuando dejé atrás a la multitud, ya no vi a los hombres ni a ella. Sabía que reconocía a uno de los hombres, era el hombre que entró en el hostal mientras cenábamos. Sabía que parecía sospecho