La levanté y la atraje en un cálido abrazo. Su aroma me envolvió y me dio calor. Mientras la consolaba, también disfrutaba de su calor. Era frágil y tan suave que temía hacerle daño si la abrazaba más fuerte. Sollozó sobre mi pecho, sus lágrimas empapando mi pecho endurecido.
"Está bien, princesa. Siento que tengas que pasar por todo eso". Sentí que era el momento de decirle la verdad y hacerle prometer que siempre estaría a su lado.
Cuando su tremor se calmó, la aparté suavemente de mi pecho