Michael cubrió su rostro desesperado, pero contuvo su coraje
—Entonces prefirió a esa miserable traidora que, a ti, Santiago es el imbécil más grande del mundo, no te merece, Allegra, ojalá que encuentres a alguien que valga la pena —Michael sentía que su sangre hervía de furia, pero conservó la calma, no quería alterar las cosas, el lunes sería dado de alta de aquel hospital y aunque no tuviera ni donde vivir, anhelaba su libertad más que nada en el mundo.
Allegra lo miró triste, pero no llor