Santiago estaba sentado sobre el sofá, en su despacho. Intentaba leer, pero no podía hacerlo, no se concentraba.
Comenzó a toser, tenía un resfriado y una tos seca que no se le quitaba desde hace días atrás. Se sentía acalorado y no era normal, pues aún hacía frío.
Se restregó los ojos porque ardían. Y recargó su cabeza contra el respaldo del sofá, se sentía cansado en extremo. Deseaba continuar la lectura, pues aún no tenía sueño.
Recordó cuando Allegra le leía por las noches, su melodiosa v