—Si no te amara tanto, ya te habría matado, Fabricio —espeté molesta mientras caminábamos hacia el auto.
—Amiga, luces divina —sonrió—. Deberías agradecérmelo —me detuve y lo miré.
—¡Mi cabello es corto y está teñido de rojo, además, uso las malditas uñas de Cardi B! —le mostré mis manos.
Intentó contener la risa, pero el tonto no pudo y yo —otra tonta— comencé a reír con él.
—Amigo, quiero asesinarte —dije sin parar de reír.
Después de divertirnos un poco, Fabricio condujo hasta llegar al peri