—Que ... ¿qué haces aquí? —parecía que había visto un fantasma.
—Esa es una pregunta tonta —intenté sonreír.
La verdad era que sólo estaba tratando de contener mis lágrimas. Sentía una enorme alegría de verlo de nuevo, pero también estaba triste por el motivo de este reencuentro.
—No debiste venir —se giró hacia la ventana—. Tú no debías verme así —añadió en susurro.
—¿Así cómo?
—Aquí —me miró molesto—. En un maldito hospital.
—James ... yo ...
—Quiero que te vayas.
Ya no contuve mis lágrimas.