Emma sonrió a su reflejo mientras puso crema para hidratar en sus brazos, luego la imagen de las mejillas sonrojadas de Eda al regresar a la mesa con Horacio, con esa mirada de cómplices. Pero no había que cantar victoria, ya que estaba segura de que Max, no lo aprobaría después de todo lo que hizo Horacio, pero ella pensó que todos merecían una oportunidad si de verdad se estaba reivindicando.
— ¿Te ha gustado la comida? —preguntó Max, saliendo de la ducha, con una toalla en la cintura y otra